aprendecabala.com

Néfesh, Rúaj y Neshamá: los tres niveles del alma humana

La Torá usa tres verbos distintos para hablar de la creación del ser humano. Los sabios vieron en ellos los tres niveles del alma y su relación con los mundos de la Cábala.


Cuando la Torá habla de la creación del ser humano utiliza tres verbos distintos. Para la tradición judía, en la Torá no sobra ni falta ninguna palabra, de modo que esa diferencia tiene un sentido.

«Hagamos al ser humano a nuestra imagen» (Génesis 1:26). «Y creó Dios al ser humano a Su imagen» (Génesis 1:27). «Y formó el Eterno Dios al ser humano del polvo de la tierra» (Génesis 2:7).

Hacer, crear y formar. Los mismos tres verbos aparecen juntos en el profeta Isaías: «Todo el que es llamado por Mi nombre, para Mi gloria lo creé, lo formé y también lo hice» (Isaías 43:7). Los cabalistas leen en este versículo los tres mundos inferiores, Briá (creación), Yetzirá (formación) y Asiyá (acción), y en ellos los tres niveles en que el alma humana se concreta dentro de la Creación.

Los tres niveles

Néfesh corresponde al verbo hacer y al mundo de Asiyá. Es el nivel en el que la persona echa raíces en lo material y lo físico: el cuerpo, los instintos, las necesidades básicas.

Rúaj, que significa espíritu o aliento, corresponde al verbo formar y al mundo de Yetzirá. Es lo que permite al ser humano percibir y gestionar sus emociones y enlazarlas con el pensamiento. En términos de la psicología actual, aquí estaría el plano cognitivo y emocional.

Neshamá corresponde al verbo crear y al mundo de Briá. Es el nivel del pensamiento y de la voluntad, la parte más elevada de nosotros dentro del mundo creado, que nos une con dimensiones que no conocemos y que enraízan en los mundos superiores.

El midrash añade dos niveles más. «Cinco nombres tiene el alma: néfesh, rúaj, neshamá, jayá y yejidá» (Bereshit Rabá 14:9). Jayá y yejidá pertenecen ya al plano infinito y se corresponden con Atzilut y con Adam Kadmón. Neshamá es el puente entre esos niveles superiores y los inferiores, Rúaj y Néfesh.

La carroza, el cochero y el pasajero

El rabino Haim David Zukerwar explica esta estructura con una imagen. El cuerpo es como una carroza en la que intervienen tres elementos: los caballos, el cochero y el pasajero.

Los caballos son el Néfesh. Representan los instintos, la dimensión más cercana a la vida animal, donde ni siquiera puede hablarse de una conciencia clara del bien y del mal. Los caballos tiran con fuerza, pero no eligen el camino ni el destino. Si fueran ellos quienes decidieran, la persona iría de un lado a otro según lo que le pidieran sus instintos.

El cochero es el Rúaj, el ámbito emocional y en parte cognitivo. Guía a los caballos igual que las emociones guían al individuo, pero tampoco decide adónde se va.

El pasajero es la Neshamá. Nadie lo ve desde fuera; cuando miramos a una persona vemos sus actos, pero no sus pensamientos ni sus motivaciones. Sin embargo, es él quien ha elegido la carroza, ha contratado al cochero y ha decidido el destino. En este tercer nivel está la voluntad más alta de la persona.

Cuando los tres niveles están en armonía

El orden correcto va de arriba abajo: primero la voluntad y el pensamiento, después las emociones y por último la acción. Cuando la persona vive así, con la realidad superior dirigiendo a las inferiores, no hay conflicto entre lo que piensa y lo que siente, ni entre lo que siente y lo que hace. Sus actos forman una unidad.

Desde esta perspectiva, el ser humano no es una realidad de una sola dimensión, como propone la visión materialista, sino una estructura con varios niveles. La Cábala entiende que las situaciones de la vida son ocasiones para aprender y extraer luz, de manera que la persona pueda ir ascendiendo desde Néfesh, en el mundo de Asiyá, hasta Neshamá, en el mundo de Briá, que es el nivel más alto que puede alcanzar en esta vida.

Sigue estudiando. Tienes más artículos en la sección Artículos y los estudios en vídeo en el canal de YouTube. Si empiezas desde cero, el curso gratuito de introducción es el mejor punto de partida.