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Ein Sof: la luz infinita antes de la Creación

Qué entienden los cabalistas por Ein Sof, cómo describe Isaac Luria el comienzo de la Creación y por qué el infinito tuvo que retirarse para que existiera el mundo.


Ein Sof (אין סוף) significa literalmente «sin fin». Con este nombre los cabalistas se refieren a lo que está más allá de cualquier atributo de Dios que podamos nombrar. No es una sefirá ni forma parte del Árbol de la Vida: es aquello de lo que el Árbol procede. El término ya aparece en los cabalistas de Provenza y Gerona del siglo XIII, y desde entonces todas las escuelas lo han utilizado para señalar el límite de lo que el pensamiento humano puede alcanzar.

Un concepto que no se deja definir

Somos seres finitos. Pensamos con límites, con un antes y un después, con un aquí y un allí. Por eso no podemos definir el infinito: cualquier definición lo convertiría en algo acotado. Lo único que pueden hacer los cabalistas es describir cómo se relaciona el Ein Sof con lo creado y cómo llega su luz hasta nosotros.

En la tradición se distingue, además, entre la esencia de Dios y la luz que procede de ella. El rabino Yitzjak Ginsburgh lo explica a partir del propio nombre. Si Ein Sof designara la esencia divina, sería más exacto llamarla Ein Tejilá, «sin comienzo», porque decir «sin fin» deja abierta la posibilidad de un principio. Según esta lectura, Ein Sof se refiere sobre todo a la luz infinita de Dios antes de la Creación (Or Ein Sof): tiene un origen, la esencia divina, pero no tiene final.

El relato de Isaac Luria

El texto más conocido sobre el comienzo de la Creación se encuentra en Etz Jaim (El árbol de la vida), la obra en la que Jaim Vital recogió las enseñanzas de su maestro, Isaac Luria, el Arí, en Safed, en el siglo XVI. Dice así:

Antes de que todas las cosas fueran creadas, la luz superior era simple y llenaba toda la existencia. No había ningún lugar vacío que pudiera servir de espacio. Todo estaba lleno de la luz simple del Ein Sof, sin principio ni final. Cuando surgió en Su voluntad crear los mundos, restringió Su luz infinita, apartándola hacia los lados alrededor de un punto central, y quedó un espacio vacío en medio de la luz del Ein Sof. Después hizo descender un rayo de Su luz infinita hacia ese espacio.

Jaim Vital, Etz Jaim, Shaar 1, Anaf 2 (traducción resumida)

La imagen es muy precisa. Antes de la Creación solo había luz, y una luz que lo llena todo no deja sitio para nada distinto de ella. Para que pudiera existir algo, el Ein Sof se retiró en torno a un punto. A ese acto los cabalistas lo llaman tzimtzum, contracción. El resultado fue un espacio vacío, que Luria describe como perfectamente esférico. Dentro de ese espacio entró un rayo de luz, el kav, cuyo extremo superior seguía unido a la luz infinita que lo rodeaba. A través de ese rayo llega la vida a todo lo que existe.

En ese espacio pudieron aparecer los cuatro mundos de la Cábala: Atzilut, el mundo de la emanación; Briá, el de la creación; Yetzirá, el de la formación, y Asiyá, el de la acción.

A menudo se compara este relato con el Big Bang. La comparación puede servir como imagen para pensar, pero conviene no llevarla más lejos. Luria no estaba describiendo un fenómeno físico, sino la relación entre Dios y el mundo, y su texto no anticipa ninguna teoría científica.

Adam Kadmón y los cuatro nombres

Lo primero que surge en el espacio vacío es Adam Kadmón, el «hombre primordial». Es un nivel tan cercano al Ein Sof que los cabalistas apenas pueden decir nada de él. Los textos lurianos lo describen mediante el Nombre de cuatro letras, YHVH, deletreado de cuatro maneras distintas. Cada forma de escribir el nombre completo de las letras da un valor numérico: AB (72), SAG (63), MA (45) y BAN (52). La tradición asocia AB con Jojmá, SAG con Biná, MA con Zeir Anpín y BAN con Maljut, es decir, con niveles cada vez más próximos a nuestro mundo.

Algunos autores hablan de dos contracciones: un primer tzimtzum, el que abre el espacio vacío, y un segundo, que vuelve a ordenar la luz para que los mundos inferiores puedan recibirla. Entre una y otra se sitúa uno de los episodios centrales de la Cábala luriánica, la ruptura de las vasijas, y con ella comienza el trabajo de reparación que los cabalistas llaman tikún.

Cómo acercarse al infinito

Si el Ein Sof está fuera de cualquier concepto, cabe preguntarse cómo puede el ser humano relacionarse con él. Una de las respuestas más antiguas de la Cábala pasa por la Torá y por sus letras. Najmánides, en la introducción a su comentario a la Torá, afirma que toda la Torá está compuesta de nombres del Santo, bendito sea, y que sus palabras pueden dividirse de otra manera para leer esos nombres.

Según el Séfer Yetzirá, el mundo fue creado con las letras hebreas. Por eso, para los cabalistas, las letras son algo más que signos para escribir: son la forma en que la luz infinita se ha hecho palabra, y también un camino para volver hacia su origen.

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